La luz es uno de los factores más importantes para conseguir un cultivo saludable, uniforme y productivo. Tanto en un invernadero como en una instalación de agricultura vertical o un espacio de cultivo interior, elegir correctamente la luz puede marcar la diferencia entre simplemente cultivar plantas o conseguir un cultivo de máxima calidad.
En los últimos años han surgido muchas preguntas sobre la luz blanca, la luz roja, la luz azul y la luz verde. ¿Es imprescindible utilizar luz blanca para obtener un mejor cultivo? ¿La luz blanca produce plantas más fuertes? ¿O basta con un espectro diseñado específicamente para cultivar cada especie?
En Neocultum analizamos qué dice la investigación científica y qué podemos aprender de la experiencia práctica para comprender cómo influye cada tipo de luz en el desarrollo del cultivo.
¿Qué entendemos por luz blanca?
Cuando hablamos de Luz blanca, nos referimos a un espectro que combina diferentes longitudes de onda visibles por el ojo humano. A diferencia de la luz formada únicamente por tonos rojos y azules, la Luz blanca incorpora una mayor proporción de luz verde, además de otras longitudes de onda que hacen que la iluminación resulte similar a la iluminación natural.
Desde el punto de vista del ser humano, la Luz blanca ofrece una percepción mucho más agradable del entorno y facilita observar el estado del cultivo, detectar posibles enfermedades, valorar el color de las hojas o comprobar el desarrollo de los frutos.
Sin embargo, una mejor percepción visual no implica necesariamente que el cultivo obtenga un mayor rendimiento.
La luz y la fotosíntesis
Toda luz útil para la fotosíntesis puede contribuir al crecimiento vegetal. No obstante, no todas las longitudes de onda son aprovechadas con la misma eficiencia.
La luz roja suele presentar una elevada eficiencia fotosintética, mientras que la luz azul participa intensamente en procesos relacionados con la morfología, el desarrollo de hojas, la apertura estomática y la arquitectura del cultivo. La luz verde también puede ser utilizada por las plantas. Aunque durante muchos años se pensó que apenas tenía utilidad, hoy sabemos que parte de esta luz penetra en el dosel vegetal y participa igualmente en la fotosíntesis.
La cuestión importante no es si la luz verde funciona, sino cuánto aporta realmente al rendimiento del cultivo cuando se compara con otras fuentes de luz.
¿La luz blanca mejora realmente el cultivo?
Una de las creencias más extendidas es que la Luz blanca permite cultivar plantas más grandes o con una mayor producción. Sin embargo, numerosos ensayos realizados con diferentes especies muestran que esto no siempre ocurre.
Cuando se comparan distintos espectros manteniendo la misma cantidad total de luz, muchos experimentos muestran diferencias muy pequeñas en producción. En algunos casos el cultivo apenas presenta cambios. En otros, determinadas variedades incluso desarrollan un mayor rendimiento cuando reciben una combinación optimizada de luz roja y luz azul con una presencia limitada de luz verde.
Esto significa que la Luz blanca no garantiza automáticamente un mejor cultivo. Cada especie responde de forma distinta y cada estrategia para cultivar debe adaptarse a las necesidades fisiológicas de la planta.